La suerte, que tantas veces ha salvado la vida a los soldados españoles en Afganistán, les abandonó ayer. El sargento primero Joaquín Moya Espejo, de 35 años, falleció a primera hora de la tarde tras recibir un disparo de arma ligera realizado “desde una posición lejana” por un grupo de insurgentes que hostigaron a la unidad de la que formaba parte. Según el Ministerio de Defensa, el fallecido llevaba puesto su chaleco antibalas -en realidad, un chaleco antifragmentos reforzado con placas de cerámica-, por lo que el proyectil debió entrar por zonas no protegidas (el hombro o el costado) y le alcanzó en el tórax. Un helicóptero estadounidense le evacuó al hospital Role 2 -equipado para intervenciones quirúrgicas- de Bala Murghab, pero entró en parada cardiorrespiratoria durante el vuelo y los facultativos solo pudieron certificar su fallecimiento. Joaquín Moya Espejo, natural de Córdoba, estaba destinado en el Regimiento de Infantería Garellano 45, con sede en Vitoria, y deja un hijo. Con esta muerte se eleva a 97 el número de militares españoles (además de un traductor) que han perdido la vida desde que España inició en 2002 el despliegue en Afganistán.

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