Y sí, la edad, los kilómetros en las piernas, los dolores, no pueden con los elegidos. David Ferrer se enfrenta en octavos del Masters 1000 de Shanghái a Juan Carlos Ferrero, su mejor amigo del circuito, ese con el que se va a competir en karts, el mismo con el que se entrena frecuentemente, y debe pensar que lo que está ocurriendo no tiene sentido. Que él es el número cinco del mundo y su colega el número 69. Que él lleva un año magnífico y su compañero ha admitido ya la posibilidad de la retirada. El talento, sin embargo, no entiende de estadísticas. A Ferrero, que por algo fue número uno, le sobra. Tanta es su capacidad, tan bueno su sentido del juego, que arrolla a Ferrer en el primer set, se procura tres bolas de partido, y solo empieza a doblegarse cuando una lesión en el tobillo le enseña la puerta de salida: 1-6, 7-5 y 6-2 para Ferru, en cuartos de Shanghái y clasificado por tercera vez en su carrera para la Copa de Maestros, que reúne en Londres a los ocho mejores tenistas del curso.

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