Cuando Gonzalo Higuaín marcó su tercer gol ante el Betis, el sábado, el Bernabéu estalló en un clamor de júbilo. La clase de rugido que consagra a los ídolos de una hinchada poco inclinada a exhibir las emociones. A sus 23 años, Higuaín había dado por superada la operación de columna que le postergó durante la temporada pasada y el público le dio la bienvenida. Pocos jugadores son tan queridos por el madridismo como El Pipita. Pocos llegaron al club con menos posibilidades de prosperar.











